¿Qué es lo que tengo adentro mío cuando todo lo que hay se siente igual que nada y tan insulso porque no estás vos?
¿Cómo se llama eso que se siente en el medio del pecho cuando me mirás a los ojos y sonreís de costado?
¿Qué es lo que tenés que volvés a mí como un boomerang cada vez que estoy a punto de olvidarte?
El tiempo va pasando y no importa lo que hagas o digas todo te remite a lo mismo, lo necesitás. Sí, aunque sean unos cuantos los que niegan y sostienen a muerte que no es cierto sabés que en realidad es así; necesitás tener a ese alguien. Necesitás a un alguien que prometa ser el que te va a mirar con ojos de quiero hacerte feliz, el que te haga reír y te diga la palabra justa en el momento justo para sacarte el mal humor, el que te compre las galletitas que más te gustan para merendar. Te hace falta una persona que te mime, que vea con vos tus películas favoritas aunque se aburra, alguien con quien caminar por la calle de la mano, que te abrace por la cintura, que te susurre al oído, que te robe un beso después de hacerte enojar. De vez en cuando sentís esa necesidad de dormir la siesta haciendo cucharita, sobre todo cuando afuera llueve y hace frío. Te das cuenta de la mucha falta que te hace ese individuo que complemente tu existencia y pretendés de pronto encontrar la solución mágica para pensar en otra cosa y olvidar el sentimiento de soledad que vos mismo te generaste gracias a algún activador sumamente mundano. Entonces una tarde te encontrás mirando el inicio del Facebook en busca de algo que te entretenga unos segundos más antes de darte cuenta que estás perdiendo otro día el tiempo, y cuando caés en la cuenta te entra el bajón y recordás. Recordas que estás solo, que no tenés a ese alguien que tanto te hace falta pero que el orgullo te impide reconocerlo. Para este altura caíste en un estado depresivo donde tu lista de reproducción cambió a todos temas lentos y con letras escritas por personas enamoradas a las que les rompieron el corazón o que viven amoríos desencontrados. Probablemente estés agarrando una taza de café con las dos manos o un pote de helado de un kilo, tenés los ojos hinchados y rojos y un paquete de pañuelos casi vacío rodeado de los que ya usaste. No claro, tenés razón, no necesitas a nadie... No seamos hipócritas, vayamos a lo evidente. No creo que el amor sea indispensable para estar feliz, pero que ayuda, ayuda. No hablo de amor eterno ni historias de Disney porque todos sabemos que Walt fue un morboso que esperaba ver miles de almas infantes y crédulas morir dentro de cuerpos púberes que se dieron la frente contra una realidad cruda y dura al ver que no existen los príncipes y ni las princesas y que hasta la historia más feliz tiene un final; no, todo eso son falacias. Hablo de una relación, no es ni siquiera necesario que sea formal o seria, simplemente que exista. Hablo de un intercambio de permisos, de un pongo y pones, un doy y recivo, esa sensación de que en parte alguien más es dueño de nosotros. La realidad es que en parte gozamos de saber que la felicidad de alguien depende de nosotros, y viceversa. Así como necesitás tenerlo para vos, necesitás que quiera tenerte. Necesitás saber que es tuyo y de nadie más, que te quiere a vos, que te necesita a vos, que te piensa a vos, que sos lo último que se imagina antes de dormir; porque vivimos quejándonos de que no somos libres y cuando llega la hora de la verdad, le regalaríamos nuestra libertad envuelta en papel plateado con un moño rojo y bien grande. Aunque pensándolo mejor no lo vas a hacer, porque después de ver cinco veces The notebook y llorar lo suficiente, te acordás que no necesitas a nadie.
miércoles, 1 de agosto de 2012
martes, 3 de julio de 2012
Y quiero que me quieras.
Lo lindo de no tenerte es saber aunque sea que existís, que hay alguien ahí que me genera la sensación de te quiero aunque no lo sepas, y quiero que me quieras, alguien que de un modo diferente y sin saberlo, me hace bien. Lo bueno de tenerte indiferente o desinformado es que te conozco en tu manera más pura, tan vos como podrías ser con cualquiera, y aunque conocer el destino de este sentimiento que me inunda todos los días es algo que me intriga, me lo tomo con calma, porque no quiero apurar nada por más poco creíble y contradictorio que suene respecto a mis demás declaraciones; es cuestión de disfrutar (y un poquito padecer) tanto la trama como el desenlace de este capítulo de la historia. Lo mágico de conocerte es que fue hace tanto y a la vez hace tan poco, puede ser tanto pero todavía es tan poco, y todas las cosas que voy descubriendo, así como las que me dejas ver, me gustan. Una mirada tan cálida y pacífica, una sonrisa tierna y unos ojos brillantes que a veces son tristes y a veces alegres, pero siempre dulces. Pasiones tan símiles a las mías, una canción y un partido de fútbol, una guitarra, una voz, una camiseta. La verdad no sé qué va a ser de la vida de acá a mañana, pero sí sé que quiero tenerte cerca, incluso si no te das cuenta por qué. Quiero que lo que no digas y lo que no des me haga tan bien como lo que dejás escapar para brindar, porque no quiero más dolor en mi alma, quiero ferviente rubí fluyendo por mi venas aunque sea solo por verte, y que todo lo demás... no importe.
viernes, 15 de junio de 2012
Las pequeñas cosas.
Me desmorono cuando pienso lo difícil que se torna la vida a medida que pasa el tiempo junto con él mis vivencias. Miento, y de seguro tiene algún cifrado oculto mi error, porque al decir mis vivencias estoy siendo falsa y egoísta. Principalmente me engaño a mi misma, ya que suelo ser más atenta a las vivencias ajenas y a contrariarme más por ellas. Los años vinieron pesados y se dieron de frente contra una pared de pensamientos encontrados que descansaban, aunque inquietos, en algún recóndito rincón de mi absurda y algo retorcida mente. Es claro que no exagero y puede verse a simple vista, en mi actitud, en mi persona, en mi forma de escribir con un léxico no apto para cualquiera y juegos de palabras que sólo existen con el fin de la armonía visual y la confusión del lector. No es que el motivo de todo texto que escribo sea enredar ideas para así entretener o confundir, sino más bien es que siento que a veces, las cosas que quiero dejar salir no tendrían que verse. Es así, no siempre siento que realmente desahogarme sea correcto dejando a la luz todo aquello que me atormenta. Estos últimos años de mi vida, y con ello me refiero a lo que abarca mis cuatro actualmente vívidos años de secundaria, la plena adolescencia, los sentimientos a flor de piel, han sido de lo más complejos y exhaustivos, repletos de conflictos y pesares. Considero que es posible recopilar, en algún momento de mi vida, un centenar de experiencias que sorprenderían a más de uno. Quiero dejar en claro que no creo ser mejor ni más que nadie, sino más bien todo lo contrario. Mi personalidad me prohíbe pensar en mi de forma positiva y creo que me aquejan traumas infantiles y adolescentes que mutan en existencialismos. Me someto así al no-entendimiento propio, a la contradicción interna. Creo en mí como personalidad, como ser capaz de modificar para bien o para mal consciente o inconscientemente, mas no creo en mí, como un yo... No sabría cómo explicar a qué me refiero exactamente, hay tantas cosas en mi que no comprendo, como por empezar, el simple hecho de no poder persistir con un gusto por lo rápido que me aburro de las cosas. Soy insaciable, mi esencia se nutre de investigar qué hay más allá de lo que ya tengo, de lo que pude alcanzar, y siempre estoy en busca de nuevas cosas. Tal vez pueda atribuir entonces a esto, las múltiples situaciones que viví, tan extremas, como culpando a mi curiosidad de no cuidarse al encontrar el límite y siempre intentar cruzarlo. Así es como a los dieciséis años, con los que cuento hoy, conozco tantas o más sensaciones y situaciones, que quien vivió plenamente una extensa estadía en este mundo. Sé como se siente la tristeza y la felicidad plenas, sé lo que es amar y ser amado, sé lo que es el acostumbramiento y la rutina y por lo tanto sé cuánto la odio. Sé lo que es romper un corazón y cómo se siente la culpa y el dolor del alma. Sé lo que se siente el ultraje, el sentirse violado como persona, como ser con derechos y capacidad de elección. También conozco el dolor de la pérdida, el olvido, la negación, el recapacitar y la aceptación pero la eterna memoria. Sentí el que no me entiendan, sentí que estaba sola, sentí que no había razón ni sentido, sentí mi existencia como un enorme por qué, sentí miedo por eso, después sentí que estaba muerta, y entonces sentí calma. Sé lo que es estar enfermo, no amarse o siquiera apreciarse; se lo que es la confusión, un triángulo amoroso, sé cómo se siente el no tener control sobre uno mismo e incluso el no tenerlo sobre la posible existencia de otro ser, consecuencia de mis propios actos. Sé lo que es pensarse un posible asesino, sé lo que es romper tus propios principios, sé lo que es la satisfacción de no tener que hacerlo y la culpa que un what if puede generar. Conozco el descuido, la presencia física más el total desinterés, sé lo que es que te engañen, que te escupan en la cara mil verdades aunque hieran, conozco cada una de esas cosas y más. Pero por sobre todas las cosas aprendí al estar muerta, que no hay nada más de este lado y en este momento, que vivir, porque es todo por lo que estamos acá; y entonces fue cuando resucité. Resucité para dar lugar al comprender, al entender que no existe en este mundo otra cosa que sea irreparable más que la misma muerte. Todo aquello malo que uno vive, así como también lo bueno, es lo que nos forma como personas, y tal vez es por eso que creo en mí en ese sentido, porque tengo mucho material como para no hacerlo. Miles de duras vivencias forjaron mi personalidad, una diferente, única (porque todos lo somos), pero más que nada extraña. Por ser diferente uno no es raro, más bien la concepción de raro es algo que es muy juzgable. Soy tan poco pero tantas cosas juntas, así soy yo: Loca, inestable, incoherente, la que siempre escucha, la que pocas veces habla. Soy intuitiva, curiosa, divertida, racional, la que siempre encuentra un pero, la que igual actúa. Soy maniática, mañera, amiga, amante, novia, fiel, la que le cuesta dejarse cuidar, la que lo necesita mucho. Soy cariñosa, muy apegada a los afectos, selectiva, estratégica, rebuscada, la de los ideales claros, la de las medias tintas. Soy creativa, pensante, detallista, dotada de sentidos agudos, la conformista, la que siempre quiere un poco más. Finalizo en que soy mil y un cosas más, para no nombrarlas y seguramente, olvidarme de alguna importante. Hace casi nada me dijeron "lo importante es que sos" y yo no lo veo tan así. Lo importante no es ser, sino hacer. ¿Para qué quiero ser si no modifico nada? Así cierro por ahora, como dejando en el aire, sin releer lo que seguro son frases inconexas en este texto, la idea por la cual comencé a escribir. Así me despido hoy, una vez más como otras tantas, dando a notar lo inoperante de mi cerebro un viernes por la tarde donde planes esperados fueron frustrados, y dejando ver una vez más las causas de mi forma, los motivos de mi ciclotimia galopante, y tantas otras cosas más.
sábado, 26 de mayo de 2012
Dando vueltas.
No es que seas el dueño de mi alma,
no es que puedas controlar mi sentir,
ni que tengas algo más que ese poco de magia,
que me hace falta para dar sin recibir.
Es que es tu risa la que me hace respirar,
solo tu voz me da la calma que siempre quise,
y la paz que me brindas quiere ser guerra
cuando te vas, cuando estás lejos.
Entre algunos versos aparecen besos,
detrás bailan nuestros cuerpos
y después quién sabe.
Que te necesito, que ya te olvidé,
que te quiero tanto, que no vuelvas más,
pero a dónde estás? Hoy te extraño más.
Porque somos dos humanos que no pueden ver
cuando es próximo el amor
y se vuelve peligroso un frenesí,
aunque no lo admita, tal vez si lo vi.
Será tu esencia la razón o el por qué
de que mis noches las pase en vela,
o solamente el perfume de tu ropa,
o la locura de tu boca recorriendo mi piel.
Porque hacen falta dos para encenderse
y tan poco de ambos para enloquecer
que se vuelve tan simple no saber,
Si te necesito, o ya te olvidé,
que te quiero tanto, que no vuelvas más,
pero a dónde estás? Hoy te extraño más.
Ya no caigo en redes de amores baratos,
ni me dejo enredar por cuestiones de un rato
que sin vueltas dejan claro, no serán de perdurar.
Ahora queda poco y nada por decir,
está en riesgo la salud de un corazón,
del que se abre hoy, canta esta canción,
se queda con vos y no quiere nada más, que tu calor.
Y después del rock todo está tan raro,
que en mi cabeza ya se puede bailar,
dando vueltas, vueltas vueltas tantas doy.
Que te necesito, que ya te olvidé,
que te quiero tanto, que no vuelvas más,
pero a dónde estás? Ya no puedo más.
no es que puedas controlar mi sentir,
ni que tengas algo más que ese poco de magia,
que me hace falta para dar sin recibir.
Es que es tu risa la que me hace respirar,
solo tu voz me da la calma que siempre quise,
y la paz que me brindas quiere ser guerra
cuando te vas, cuando estás lejos.
Entre algunos versos aparecen besos,
detrás bailan nuestros cuerpos
y después quién sabe.
Que te necesito, que ya te olvidé,
que te quiero tanto, que no vuelvas más,
pero a dónde estás? Hoy te extraño más.
Porque somos dos humanos que no pueden ver
cuando es próximo el amor
y se vuelve peligroso un frenesí,
aunque no lo admita, tal vez si lo vi.
Será tu esencia la razón o el por qué
de que mis noches las pase en vela,
o solamente el perfume de tu ropa,
o la locura de tu boca recorriendo mi piel.
Porque hacen falta dos para encenderse
y tan poco de ambos para enloquecer
que se vuelve tan simple no saber,
Si te necesito, o ya te olvidé,
que te quiero tanto, que no vuelvas más,
pero a dónde estás? Hoy te extraño más.
Ya no caigo en redes de amores baratos,
ni me dejo enredar por cuestiones de un rato
que sin vueltas dejan claro, no serán de perdurar.
Ahora queda poco y nada por decir,
está en riesgo la salud de un corazón,
del que se abre hoy, canta esta canción,
se queda con vos y no quiere nada más, que tu calor.
Y después del rock todo está tan raro,
que en mi cabeza ya se puede bailar,
dando vueltas, vueltas vueltas tantas doy.
Que te necesito, que ya te olvidé,
que te quiero tanto, que no vuelvas más,
pero a dónde estás? Ya no puedo más.
domingo, 8 de abril de 2012
Consecuencias.
A todos nos gusta pasarla bien, es la mejor forma de disfrutar de la vida a pleno. Todo está bien, podemos estar con quién queramos el tiempo que queramos, hacer lo que queramos, actuar como queramos sin preocuparnos por las consecuencias, pero eso no quita que existan. Todo está bien, todo es risas, hasta que llega esa persona que te confunde, y al final terminamos sabiendo que lo único que queremos es regalarle nuestra libertad a ese alguien. Llegaste, me diste vuelta el mundo y pusiste un límite, un límite que no pierdo el tiempo en cruzar porque sé que lo único que voy a conseguir es pasarla peor. Me enredaste, con tu desinterés te llevaste mi calma. Te pienso y me molesta el pecho, en la panza siento ese nudo de nervios, nervios de que llegue el momento en que tenga que aceptar que sí me importas, y a la vez, que esto no va a ningún lado. A todos nos gusta pasarla bien, pero también a todos nos pasa que un día y en el momento que menos lo esperabas, alguien entra en tu mundo y destruye toda la estructura que tenías armada.
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